CARACTERÍSTICAS Y PEDAGOGÍA IGNACIANA

Las Características de la Educación de la Compañía de Jesús es un documento publicado en 1986, que recoge la esencia de la Propuesta Educativa y ofrece a todas las instituciones educativas una visión común de su trabajo y objetivos.

Rasgos típicos que a luz de estas Características distinguen a un Colegio de la Compañía de Jesús

  1. Una filosofía educativa que impregna la totalidad de la propuesta educativa. Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola inspiran, de hecho, la finalidad última de la educación jesuítica: ayudar a sus alumnos/as a encontrar a Dios en todas las cosas, a lograr su misión en la vida, servir a otros incondicionalmente, estar abiertos a todo campo de estudio digno de la persona humana, aprender a discernir lo que es bueno o no para uno mismo y para la sociedad y a estar centrados en la Persona de Jesucristo, el hombre por excelencia para los demás.

  2. Un cuidado y seguimiento personal a cada uno de los/as alumnos/as de los Colegios Jesuitas. La educación jesuita mira no sólo la formación intelectual de los estudiantes sino su desarrollo espiritual, moral y psicológico. El seguimiento personal ayuda a alcanzar las metas de esta formación integral.

  3. La búsqueda de la calidad integral como nota distintiva de la educación jesuita junto con la planeación y la adaptación a los talentos personales de cada alumno/a. Esto implica la Exigencia y firmeza en el cumplimiento de las normas en el estudio y en las demás Exigencias de la vida escolar.

  4. Énfasis en un pensamiento crítico y en una comunicación interpersonal efectiva . La Educación de la Compañía de Jesús se distingue también por llegar al corazón humano en el proceso de la formación integral. La Educación Jesuita hace énfasis también en un razonamiento claro, lógico y con el desarrollo de las capacidades de comunicación.

  5. Búsqueda de una educación abierta e integral no cerrada a la especialización . Se busca formar la sabiduría más que las habilidades del mercado, sin descuidarlas. Se trata de formar en los valores permanentes y en los lenguajes de las nuevas tecnologías

  6. Un compromiso con la "fe que construye la Solidaridad". Un Colegio Jesuita busca que sus alumnos/as integren una visión coherente de su fe cristiana con un compromiso auténtico por transformar la sociedad desde una auténtica solidaridad. Esto es ayudar a formar "hombres y mujeres para los demás y con los demás".

El Modelo Pedagógico Ignaciano

La Pedagogía Ignaciana es el camino por el que los maestros acompañan a los alumnos en su crecimiento y desarrollo. Incluye una perspectiva del mundo, de la vida, de Dios y una visión específica de la persona humana ideal que se pretende formar. Es un proceso consciente y dinámico, en el cual cada uno de sus pasos se integra de tal manera que se afectan e interactúan durante todo el proceso, promoviendo así un crecimiento constante en las personas o grupos de personas e instituciones, afectando siempre, de alguna manera, la realidad involucrada. Se desarrolla en cinco momentos o pasos sucesivos:

1.1 Situar la realidad en un CONTEXTO

1.2 EXPERIMENTARLA vivencialmente desde la realidad

1.3 REFLEXIONAR sobre esa experiencia

1.4 ACTUAR consecuentemente

1.5 EVALUAR la acción y el proceso seguido.

CONTEXTO DEL APRENDIZAJE

El docente debe y necesita conocer el mundo del estudiante, incluyendo las formas en que la familia, los amigos, los compañeros, la subcultura juvenil y sus costumbres, las presiones sociales, la vida escolar, la política, la economía, los medios de comunicación social, el arte, la música, la religión y otras realidades, impactan ese mundo y afectan al estudiante para bien o para mal. Igualmente, conocer el contexto social, político, económico, cultural, religioso, etc., en el cual el acto educativo tiene lugar.

LA EXPERIENCIA

La experiencia ignaciana va mas allá de la comprensión puramente intelectual. San Ignacio pide que todo el hombre, mente, corazón y voluntad, se implique en la experiencia educativa. De hecho las dimensiones afectivas del ser humano han de quedar tan involucradas como las cognitivas, porque si el sentimiento interno no se une al conocimiento intelectual, el aprendizaje no moverá a la acción.

La experiencia humana puede ser:

a) Directa: en el contexto académico se presenta en las relaciones interpersonales tales como conversaciones o debates, hallazgos en el laboratorio, trabajos de campo, prácticas de servicio social, actividades de acuerdo a cada proyecto pedagógico u otras experiencias semejantes.

b) Indirecta: en el contexto académico la experiencia directa no siempre es posible. En su lugar, el aprendizaje se consigue con frecuencia a través de experiencias indirectas, leyendo o escuchando una lectura, por medio de simulaciones y representaciones, usando materiales audiovisuales, etc.

LA REFLEXIÓN

Con el término reflexión queremos expresar la reconsideración seria y ponderada de un determinado tema, experiencia, idea, propósito o reacción espontánea, en orden a captar su significado mas profundo. Por lo tanto, la reflexión es el proceso mediante el cual se saca a la superficie el sentido de la experiencia. Entre los procesos de reflexión distinguimos dos operaciones fundamentales: entender y juzgar.

Entender: Es descubrir el significado de la experiencia, es establecer las relaciones entre los datos vistos, oídos, tocados, olfateados, etc. Es el chispazo que ilumina lo que se presentaba en penumbras en la percepción sensible. Es lo que permite al sujeto conceptualizar, formular hipótesis, conjeturar, elaborar teorías, dar definiciones.

Juzgar (verificar): Es emitir un juicio, verificar la adecuación entre lo entendido y lo experimentado, entre la hipótesis formulada y los datos presentados por los sentidos. La reflexión colectiva da la posibilidad de reforzar, desafiar y estimular a la reconsideración, permitiendo una mayor seguridad en la acción que se va a realizar y la oportunidad de crecer en comunidad.

LA ACCIÓN

El Paradigma Pedagógico Ignaciano enseña que la reflexión esta unida indisolublemente con la acción en una vida humana comprometida y que la acción, sin el servicio desinteresado a los demás, no merece el nombre de compromiso.

LA EVALUACIÓN

El Paradigma Pedagógico Ignaciano, a través de la evaluación, enseña a buscar resultados, a que las cosas se hagan efectivamente y a que siempre se busque la excelencia; mas concretamente, enseña a hacer las cosas correctas y bien hechas desde el principio.

Por evaluación se entiende la revisión de la totalidad del proceso pedagógico seguido a lo largo de cada uno de los pasos del paradigma, para verificar y ponderar en qué medida se ha realizado fiel y eficientemente y, por otra parte, en qué grado se han obtenido los objetivos perseguidos, en términos de cambio y transformación personal, institucional y social.

La educación jesuítica está centrada en la persona, en los dones que ha recibido, en su máximo desarrollo y en su vida como miembro de una comunidad. Una educación orientada al servicio, a formar Hombres para con y para los Demás. Lideres creativos sensibles y capaces.

Hombres, varones y mujeres, en el sentido más auténtico de la palabra, creaturas de Dios y miembros de la comunidad humana.

Hombres con libertad y con la responsabilidad para usarla.

Hombres con talentos y con la alegría de ponerlos libremente al servicio de los demás.

Hombres equilibrados con una filosofía de vida, desarrollada personalmente, que incluye hábitos permanentes de reflexión, acción y evaluación de su propia experiencia, a la luz del evangelio.

Hombres sencillos de corazón, atentos a la necesidades del prójimo.

Hombres conscientes de la realidad y con la intención de trabajar día a día para que mejore, con un ideal de excelencia humana.

Hombres abiertos, interesados en las riquezas de todas las culturas y dispuestos a aprender de ellas.

Hombres competentes, conscientes, compasivos y solidarios.

Estos ideales se ven reflejados, en los programas y actividades propuestas por el colegio a los alumnos que enriquecen y conforman nuestro Proyecto Educativo Institucional.

Los objetivos de nuestra educación nos deben llevar a la unidad, no a la fragmentación; a la fe, no al cinismo; al respeto a la vida, no a la destrucción del planeta; a acciones responsables basadas en el juicio moral, no a la retirada cobarde ni al ataque temerario.

La educación jesuítica intenta infundir una alegría en el aprendizaje y un deseo de aprender.







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